Origen de la ciudad MODELO ECONÓMICO DE PLATON libro La República
Platón, al analizar la organización de la sociedad en La República, parte de una observación fundamental: el origen de la ciudad se encuentra en la naturaleza humana, específicamente en la insuficiencia individual para satisfacer todas las necesidades básicas por sí mismo. El ser humano, dice, es un ser que necesita de otros para vivir bien. Esta insuficiencia es lo que lleva a los hombres a unirse y formar una comunidad. Es en este punto donde Platón identifica tres necesidades esenciales que justifican la existencia de la ciudad: alimentación, vestido y vivienda. Estas necesidades son universales, constantes y no dependen de gustos personales. Son necesidades “naturales”.
Como
ningún individuo puede atender por sí solo a estas necesidades de forma
eficiente, se hace necesaria la cooperación entre las personas, lo que
da origen a la división del trabajo. Platón defiende que cada persona
debe dedicarse a aquella actividad para la cual tenga una predisposición
natural, es decir, aquella en la que sea más competente. La especialización,
dice, no solo responde a la eficiencia productiva, sino también a la idea de
justicia: ser justo es hacer lo que te corresponde según tu naturaleza.
Así, unos serán agricultores, otros tejedores, otros constructores, y así
sucesivamente. Cada quien intercambiará su producto por lo que necesite, dando
origen al comercio.
Una
ciudad fundada únicamente sobre estas bases —dice Platón— es una ciudad
simple o saludable (polis hugiēs), ya que produce solo lo que es
necesario para la vida. En ella no hay lujo, ni conflictos, ni desigualdad
extrema. Todos trabajan, todos consumen lo necesario, y el equilibrio social se
mantiene gracias a la moderación y la cooperación.
Sin
embargo, Platón reconoce que esta ciudad simple es rara vez suficiente para las
ambiciones humanas. Los ciudadanos pronto querrán algo más: lujos, comidas
refinadas, perfumes, muebles ornamentales, oro, plata, esclavos, arte,
entretenimiento, etc. Es decir, una vez satisfechas las necesidades
naturales, surge el deseo de lo superfluo, lo que Platón llama la "ciudad
inflamada" o "ciudad lujosa". Para sostener estos
nuevos deseos, la ciudad necesita más recursos, más tierra, más mano de obra
especializada, más bienes. Esta expansión lleva inevitablemente a competir con
otras ciudades por los mismos recursos.
Es aquí
donde aparece un punto central del modelo de Platón: la guerra como
consecuencia económica del deseo ilimitado. La guerra no es natural ni inevitable,
sino que surge cuando los hombres desean más de lo necesario, cuando
quieren apropiarse de bienes que no les corresponden por naturaleza. Según
Platón, la codicia y el lujo son las causas profundas de los conflictos
entre ciudades. Para defenderse y atacar, la ciudad necesita una clase
especializada en el combate: los guardianes o soldados, cuyo
entrenamiento y educación serán parte central del proyecto político de Platón.
La
evolución que plantea Platón es muy clara y ordenada:
- Los hombres tienen necesidades
básicas →
- Se agrupan para cooperar →
- Surge la división del
trabajo →
- Se satisface lo necesario →
- Aparecen los deseos
innecesarios →
- La ciudad se vuelve lujosa y
expansionista →
- Nace la guerra.
Esta
cadena es, para Platón, la explicación no solo del origen de la economía, sino
también de la degradación de la vida política y moral. Por eso, su
propuesta no es simplemente económica, sino filosófica: una buena ciudad debe limitar
el lujo, ordenar la producción según la naturaleza de cada uno y evitar la
ambición desmedida. Solo así se puede evitar la injusticia y vivir en
armonía.
Finalmente,
todo el modelo platónico se orienta a un ideal: una ciudad justa, ordenada y
moderada, donde la economía esté subordinada a la política, y la política
guiada por la filosofía. Por eso Platón no propone una economía libre ni
centrada en el consumo, sino una economía regulada, orientada al bien común y
basada en la justicia entendida como que cada uno cumpla con su función sin
invadir la de los otros.
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